realidad cáncer de mama

Por: Juan David Figueroa Cuesta | Médico cirujano general, sub especializado en mamas y tejidos blandos.

Una enfermedad sobre la cual se han creado mitos que son falsos y que atemorizan sin razón a las mujeres.

El cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en las mujeres en el mundo y tiene el gran inconveniente que la mayoría son diagnosticados en estadios avanzados, lo que explica la alta mortalidad reportada a nivel nacional.

El panorama anterior parece desolador y es lo que nos ha llevado a tratar por todos los medios de “combatir” este flagelo que ataca cada vez más a nuestra población. Pero entonces, ¿Cómo podríamos cambiar la situación?, ¿Cuál es el camino más adecuado?, ¿Qué estrategias tienen que cambiar? Para responder a estas preguntas es necesario aclarar varios puntos.

Si bien es cierto, el cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en mujeres en el mundo, su incidencia no es tan alta, en Colombia, es 40 en 100.000 cada año. Sin un fundamento lógico se repite que una de cada ocho mujeres sufrirá de cáncer de mama en el transcurso de su vida y es totalmente falso, ya que la verdadera incidencia es de una por cada 2.500 mujeres al año. Por este motivo lo primero que debemos hacer es acabar con el pánico colectivo, la probabilidad de que una mujer padezca un cáncer de mama es muy baja.

El 70% de las mujeres que padecen un cáncer de mama no tienen ningún factor de riesgo, y los cánceres debidos a historia familiar o mutaciones genéticas son solo del 5 al 10%. Estos son casos que requieren un cuidado especial, pero son escasos, y el hecho de que una persona padezca un cáncer, no significa que sus familiares lo padecerán.

La mortalidad depende del estadio en el que se diagnostique la enfermedad: En estadios I la mortalidad a cinco años es del 5%, y 50% para los estadios III, esto independiente del tratamiento. La gran conclusión es que es más importante la detección temprana que el tratamiento.

Al presentarse de manera esporádica y sin factores de riesgo conocidos, se deduce que el cáncer de mama no se puede prevenir. Por lo tanto los esfuerzos deben ser orientados a diagnosticarlo en estadios tempranos.

Existen tres estrategias para detección temprana las cuales son complementarias entre sí: Autoexamen de mama, examen clínico realizado por el médico y la mamografía.

Autoexamen de mama: Debe realizarse mensualmente, no existe un protocolo estándar para realizarlo, cada mujer debe encontrar su propia manera de efectuarlo. Una mujer se puede detectar un nódulo entre 1 y 2 cm, lo que determina una baja de probabilidad de tener compromiso ganglionar y metástasis. Si el nódulo palpado corresponde a un cáncer la supervivencia a cinco años es alrededor del 95%. Por esta razón el autoexamen es una manera efectiva para disminuir la mortalidad, además de ser barata, sin efectos adversos y reproducible incluso en poblaciones rurales sin acceso a los servicios de salud.

Examen clínico de la mama: Es la evaluación que realiza el médico cada año, buscando nódulos sólidos o lesiones asociadas (retracciones, edema de la piel, ganglios), que permitan diagnóstico oportuno. Para la realización de esa valoración se requiere el entrenamiento del personal pero sobre todo una conciencia que permita pensar en todo momento en la necesidad de realizar detección temprana.

Mamografía: Esta estrategia es importante como método de detección temprana y como complemento de las dos anteriores. Debe realizarse cada dos años en mujeres asintomáticas a partir de los 50 años. En paciente que ya tiene síntomas, pueden realizarse en cualquier momento.

En conclusión

El cáncer de mama es una enfermedad con baja incidencia, no se puede prevenir, pero podemos hacer detección temprana, que es lo único que ha demostrado un verdadero impacto para mejorar su mortalidad.

Las pacientes con cáncer de mama actual no deben perder su esperanza, el tener un cáncer les permite una posibilidad de replantear su vida y vivir mejor. Es nuestro deber como médicos ayudar a encontrar este camino a nuestras pacientes, lo único que tendríamos que hacer es actuar con profesionalismo, esto es atender el paciente de una manera integral, teniendo en cuenta todas las esferas del ser, como lo son biológica, social, espiritual y sicológica, sin centrarnos solamente en el tratamiento de lo físico y lo biológico, que a todas luces es insuficiente y a veces incluso contraproducente.

El compromiso es de todos: paciente, médicos, sistema de salud y sociedad en general.