carlos

Por: Adriana Agudelo

Cuando parecía ya no tener esperanzas y pretendía hallar una solución fuera del país, el Hospital Pablo Tobón Uribe lo devolvió a la vida.

Cuando Carlos tenía 10 años sufrió un accidente, con consecuencias para el futuro. "El accidente ocurrió en mi casa. Yo jugaba fútbol con mi hermano, tiré el balón al techo y al escalar para recupéralo el muro me cayó encima", recuerda Carlos. Una fractura en la pelvis, daño en la uretra y un defecto al caminar derivados del accidente, parecieron temas superados después de un tiempo.

Casi 44 años después una obstrucción en la uretra lo devolvió a la época del accidente. Dolores, molestias, infecciones, dificultad para orinar fueron las razones que lo motivaron a consultar en Barranquilla, la ciudad en la que vivía en ese momento. Luego de una valoración por urología, el diagnóstico no era nada alentador: la uretra se había cerrado y no había solución, debía resignarse a vivir con una cistostomía, es decir, una sonda que sale de la vejiga a través de las paredes del abdomen para eliminar la orina. Aparentemente, sin esperanzas, Carlos sentía que aún faltaba algo por hacer, pero renunciar a mejorar su calidad de vida no era la opción.

Un día sin pensarlo, una nueva oportunidad apareció donde menos esperaba. En televisión, un urólogo del Hospital Pablo Tobón Uribe hablaba de los diferentes tratamientos que en esta especialidad ofrecía la institución, así que fue allí donde Carlos puso sus esperanzas y confió su vida.

Con 54 años, diabetes, infecciones recurrentes del tracto urinario, sobrepeso y un problema urológico significativo, un grupo de urólogos del Hospital valoró su condición y ante la complejidad de las lesiones, fue remitido al doctor Federico Gaviria, quien tenía la tarea de evaluar la viabilidad de una reconstrucción de uretra.

Múltiples intervenciones

Cirugía tras cirugía, así se buscó mejorar la calidad de vida de Carlos y para este proceso fue necesario el apoyo de medicina interna, ortopedia, infectología, cirugía plástica y psiquiatría, la situación no era fácil.

Siempre acompañado por Adriana, su esposa, Carlos debió enfrentar sangrados, fiebres, fístulas y falla renal. El momento más duro vino luego de la primera cirugía, en cuidados intensivos. Adriana recuerda que era Jueves Santo y pidió que le pusieran a su esposo los santos óleos, el Viernes Santo mejoró y el Domingo de Resurrección volvió a la vida.

Durante 24 meses de altibajos, Carlos seguía con la certeza de que vivir el resto de su vida con una sonda no era la opción y fue luego de la cuarta cirugía, en la que participaron además de urología, ortopedia y cirugía plástica que sintió una mejoría definitiva. La intervención de 12 horas consistió en un injerto de uretra realizado con mucosa bucal.

Hoy Carlos sonríe cuando recuerda que pudo retomar su vida. "Regresé a trabajar como ingeniero de minas en una mina de carbón, volví luego de 24 meses y me recibieron con calidez. Tuve fe, esperanza en un mañana mejor, confianza y credibilidad en quienes me trataban. Tenía la perspectiva de hacerme una reconstrucción fuera de Colombia, pero siempre supe que mi última esperanza era en el Hospital Pablo Tobón Uribe".