soldaditos valientes

Por: Lina Quiroz Duque | Médica oncóloga pediatra

Los pequeños soportan con estoicismo esa prueba de vida que significa la enfermedad y son ejemplo de lucha incansable, de amor.

Existen muchas batallas que todos los seres humanos debemos combatir. Desde levantarnos cada mañana en busca de nuestro sustento, hasta la permanente lucha por superar nuestras limitaciones, sean físicas o mentales.

Un adulto puede decidir qué batallas librar, ya que éstas, en la mayoría de ocasiones, son el resultado de su forma de vida, de sus elecciones. Sin embargo, existen seres muy especiales que se enfrentan con inocencia a esas batallas, pero las viven y las combaten como los más valientes. Me refiero a los niños con cáncer.

Tener cáncer representa un reto enorme para cualquier individuo, la muerte y el sufrimiento están connotados en esa palabra. Aunque no necesariamente el cáncer significa la muerte, este denota un reto gigantesco pues la transformación corporal, el sentido de la vida y hasta nuestro entorno, requieren unos cambios especiales. Es una realidad a la que es necesario adaptarse y que también está regida por tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía, los medicamentos y otros factores, que con el paso del tiempo, se convierten en parte de la vida.

Estas circunstancias no son ajenas a los niños. El desarrollo y las habilidades en cada etapa de su crecimiento, son adquiridas en paralelo a esa realidad que no alcanzan a dimensionar: el mundo del cáncer. Ellos con su gracia natural y su inocencia lo viven de una manera espontánea, sin prevenciones. Su mayor temor es la presencia de una aguja, no piensan en la severidad de su enfermedad, ni en su pronóstico, pero eso sí, a esa enfermedad la señalan como la responsable de alejarlos de sus amigos, de separarlos del colegio, y en muchos periodos, de distanciarlos de su casa.

Sistema de salud

Los padres, sus compañeros de lucha, son las personas que experimentan no sólo la angustia y el dolor de la enfermedad de sus hijos, sino también interminables trámites administrativos a través de los cuales se sufre para obtener la autorización de un tratamiento a tiempo, que debido a esto, se transforma en una solución tardía, dilatada.

Múltiples son los madrugones y las filas enormes que los distancian de una acción oportuna, es triste ver que no sea un derecho colectivo, que se tenga que buscar medios legales para garantizar un tratamiento, que se tenga que justificar el uso de medicamentos que están claramente estandarizados. Quienes han vivido esto saben que es un verdadero caos social.

Todos de alguna manera tenemos contacto con personas que padecen o han padecido esta enfermedad, y vemos ya como un curso natural de la enfermedad y del proceso, todas estas limitaciones. Existen tratamientos, opciones que vale la pena agotar como personal de la salud, como ciudadanos, como padres, como hijos, como hermanos, como vecinos: no podemos permitir más esta terrible realidad. La salud es un derecho. Mientras tanto los niños se juegan la vida en cada ciclo de quimioterapia, luchando por una oportunidad siempre con una sonrisa, y como los más valientes soldados de un cuento de fantasía, tienen como escudo su alma y como espada su corazón.